20 de marzo de 2019

Engaños, mentiras y argumentos: el despliegue de doble filo

En países que han atravesado periodos dictatoriales, el hábito de discutir las cosas antes de hacerlas se ha visto eliminado de golpe. Mientras la manipulación de medios, la injusticia y las explicaciones públicas insuficientes se han normalizado, la práctica de hablar con razones ha sido dejada de lado.

Una realidad tal obliga a repensar y recuperar el hábito perdido. En Origen y función de la argumentación (Palestra Editores, 2018), Cristián Santibáñez, tomando como fondo este contexto, se acerca a la facultad argumentativa desde múltiples ángulos, explorando nuestra capacidad —y necesidad— de exponer razones y atender a las del otro.

Como idea transversal, el autor define el acto de argumentar como uno genuinamente cooperativo que beneficia tanto a quien argumenta como a quien recibe una argumentación —evitando que sea el uso de la fuerza lo que le dé sentido a las cosas—. La cooperación es, de este modo, un mecanismo sustancial del desarrollo evolutivo humano, con lo que la argumentación misma termina alzándose como una estrategia evolutiva.

En el capítulo que a continuación compartimos, “Engaños, mentiras y argumentos”, el autor explora ciertos comportamientos que parecerían debilitar esta definición cooperativa de argumentación. ¿Cómo se entiende que empleemos argumentos manipulativos y engañosos, claramente faltos de impulsos cooperativos? ¿Qué explicación tiene nuestra tendencia a autoengañarnos o a engañar sin remordimiento? ¿Qué beneficios estratégicos puede tener estar equivocado? ¿Será que a veces el comportamiento transparente y honesto no es suficiente?

El autor da respuesta a estas y otras interrogantes sosteniendo, hacia el final, que tales estrategias engañosas, empleadas constantemente, suponen un gran riesgo para la generación de competencia (desde la teoría de juegos) y para la estabilidad evolutiva (desde orientaciones sociológicas).



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